Carajo, hace unos días me regodeaba de la ingenuidad ajena y ahora mismo estoy desmoronándome por el sadismo con el que algunas personas se mofaron de las perversas maquinaciones que ocurrieron a mi alrededor. Y por mucho que le duela a mi faceta comprensiva e indulgente, me enfurece que esa persona lo haya sobrellevado con facilidad y me haya cambiado expeditivamente por otro sujeto (celebrado por terceros) mientras yo sigo enfrascado en mi improductividad social, amorosa y sexual, retorciéndome de ira, dolor y autocompasión por personas que no deberían ocupar ni el más ínfimo espacio en ese lúgubre espacio lleno de turbulencias coléricas que unos pocos preceptos morales remanentes mantienen tenazmente en pie; mi mente.
A veces quisiera destruirlos a todos; rastrearlos como un animal, cazarlos, castigarlos con truculencia, matarlos, morirme y desaparecer.
¿Lindo prospecto de réquiem, no?
Not so tough anymore